Mostrando entradas con la etiqueta horas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta horas. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de agosto de 2015

Buscarse en los libros

Cuando salgo de casa y
la dejo sola, por horas,
la imagino recorriendo,
incesante y exhaustiva,
los caminos de libros de
mi biblioteca, con asombro,
muchas veces; con pesar,
otras tantas, con nostalgia...

La nostalgia de un pasado que
duele por todo lo que no dio,
por todo ese tiempo que no
florecía, aunque se lo regara
insistentemente.

A mi madre la imagino buscándose
en los libros que ahora puede asir,
oler, tener.

lunes, 10 de agosto de 2015

Nadie sabe

Nadie sabe de aquel tiempo
de carbón y leña, cuando llenabas
bolsitas de cuatro kilos y las estibabas
prolijamente en filas simétricas con base diez,
cuando te dolían los dedos después de tardes enteras
de anudar esas bolsitas sin cesar y tenías la cara muy negra.

Nadie sabe de esas cargas 
interminables de quebracho, toneladas que
venían del Chaco o de Santiago y colmaban 
el acoplado del camión de Tulio, punzantes, afiladas,
cuando te pasabas horas enteras con tu hermano o quien 
fuera, para descargar ese quebracho que prometía recompensa. 

Nadie sabe de esos tiempos de infancia sin luz,
sin espacio, sin padre.

Nadie sabe, en fin, que sos hoy
aquel que fuiste entonces, a los ocho,
a los diez años, al lado del mar salado y frío,
cuando trabajabas duro para otros y, sin saber,
para vos, que te forjabas un destino contra el viento
huracanado que venía del sur lejano y desconocido.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Mi caos cosmificado

Soy, casi siempre, un hombre viejo
de veinte y tantos años, que mira
el mundo que trajina las horas y 
las cosas sin cesar, tras el vano
de alguna ventana lejana y oscura.

La vida me fue dada así, sin querer,
sin preguntas y sin pedidos; yo me he
permitido la vida como quien se 
permite un regalo que no le agrada,
un regalo que se conserva por cortesía.

Me fue concedida -dicen....- por 
mi madre y por un padre -a quien no
conozco. Yo digo que la vida, la buena, 
al final nos es dada por alguien a quien
elegimos y comprendemos muy bien.

Vos me das esa otra vida, esa que
quiero y que elijo y proclamo.
Vos sos mi lugar tranquilo, 
mi caos cosmificado.

domingo, 20 de octubre de 2013

Dieciocho meses

Los días y las noches forman 
torres enormes unos sobre otros,
igual que los miedos, que van y
vienen, a veces, como el cielo y
como las palabras que usamos
siempre, para amarnos
                                 bien
                                       o 
                                         mal.

Hay espacios grandes de tanto
dar, que no están agotados
ni jamás lo van a estar.
Hay algo en todo esto quizás
un poco difícil de explicar, un
lazo nuestro, íntimo y sutil.

Una hora (o muchas horas), una
historia revelada, una mano que
presiona y calma, una sonrisa 
tuya, los cuerpos y las sombras, 
un camino que se hace nuestro. 
¡Lo vasto en vos y yo!

Y todo sigue palpitando,
todo abierto al dar... 


jueves, 9 de mayo de 2013

Frágil

Pensar nunca ha sido
buena idea y menos hoy
a esta altura del día con
el peso infinito de 
muchas horas sin
dormir y enfriar algo, 
un poco, la mente...

Tengo ganas de perderme en
los laberintos transparentes de los
sueños y dar vueltas y vueltas sin
cesar hasta encontrarte en 
alguna esquina inasible de
esos frágiles mundos y que
me acaricies el alma y me
beses y me penetres, 
quebrándome...

La cordura es un cristal
cayendo,
ahora...

lunes, 9 de julio de 2012

La dulce impaciencia


Es la impaciencia de quererte
         la que me mueve en estos días
la impaciencia de saber que
uno de estos días podrías no estar ya
y, por eso, la impaciencia loca de querer agotar todas las experiencias
todos los sentimientos en veinticuatro o cuarenta y ocho horas
que se diluyen, fatalmente, como un montón de polvo entre los dedos
la impaciencia que genera tu ternura infinita
cuando, en silencio, concentrás tu mirada
y tus pensamientos en algún punto desconocido para mí
y tu rostro está en absoluta calma, distendido,
y tus ojos brillan más que siempre
y tu sonrisa es más real, más sublime…
la impaciencia de observarte en el súmmum de la excitación y el placer
y sentir esa conexión tan íntima muy adentro, y emocionarse hasta la médula
la impaciencia desgarradora de querer cuidarte cuando te veo débil
la impaciencia de saberte incalculablemente bueno, incalculablemente auténtico
por un gesto, por un acto pequeño pero enorme, por el amor y el odio fusionados
pero, además, la impaciencia de saberte inteligente, pensante y racional
la impaciencia inagotable de sentir que no hay error en todo esto
porque me hacés inmensamente feliz, en cada momento que estamos juntos
la impaciencia de saber que, por momentos, no existe nada más que vos, Amor…
Es la dulce impaciencia de quererte, Amor… 


domingo, 17 de junio de 2012

El lugar del Amor


“Eres la palabra que marca la mayoría de mis textos, la que me gusta usar frecuentemente, cuando llego al éxtasis, y cuando no encuentro que decir, caes de nuevo tú, mi palabra, mil preguntas, mi excusa." (De algún lugar en la web…)

Antes de que
el paso inexorable del tiempo
deshaga el recuerdo tierno de
estas horas que pasé con vos,
juego con la ilusión de
retenerte en estas palabras…
No es nuevo esto…
siempre repito el mismo juego desde que
despedirse es una herida cada vez:
retenerte en el sonido y la letra de alguna canción
que escucho y tarareo (con mayor o menor éxito),
en alguna línea que leo o escribo,
en alguna imagen que viene
–precipitada– a mi mente
cuando cierro los ojos
sin pensar en nada más,
en algún aroma que percibo y
me trae algo de tu piel
o de tu respiración y
me deja como en stand by
Confieso que esto funciona
algunas veces (NO siempre…).
Funciona mientras sepa que
habrá una próxima vez,
una próxima vez que no
sea pura ilusión e imagen espectral,
espectro que se escapa como el viento
entre las hebras débiles de un atrapasueños,
que se desvanece como esas letras
dibujadas vagamente
sobre un vidrio empañado
por el vapor de la partida.
Es lo que voy a intentar en estos días
hasta que llegue el momento de
verte y sentirte cerca otra vez:
las sábanas, el agua que derrama
amenazante sobre los cuerpos,
los rulos desgarbados,
las canciones que escuchamos juntos
mientras nos besábamos
frenéticamente, sin vergüenza,
los tequieros, los teodios, los no-no,
cada centímetro de este espacio
pequeño que ocupaste durante
algo más de treinta horas…
Voy a tratar de retener todo eso,
eso que vos también querías:
“¿No se puede conservar este
momento para siempre?”.
Quiero intentarlo para
no disolverme hasta la próxima.
Confiá en mí. Yo confío en vos.
Siempre se vuelve al lugar del Amor.


jueves, 14 de junio de 2012


“…no cabe esperar que aquello que permanece sea lo mismo, pues el solo hecho de su repetición ya lo hace diferente; es decir: en la repetición, lo mismo vuelve como diferente.” C. B.

El contador es exacto
(o al menos eso parece:
en un mundo inexacto,
¿puede haber contadores exactos?,
¿acaso eso importa realmente?).
En este instante
van cincuenta y tres días,
trece horas, cinco minutos
y cincuenta segundos
desde esa tarde-noche
de aquel viernes húmedo  
y resistenciano en que
el tiempo decidió
no esperar más
(un viernes más
pero diferente…).
Estabas ahí sentado
(lo recuerdo bien…),
escuchando música,
abstraído del mundo,
fuera de este mundo...
(de algún modo, siempre supe
que vos no eras de este mundo,
estabas/estás más allá…).
Por eso no supiste que
antes de desconectarte
y bajarte a esta realidad
por un momento
yo había estado observándote;
un haz de luz solar
hacía de la escena algo irreal,
la fragmentaba en cientos
de porciones diferentes,
caleidoscópicas,
y eso te hacía más inasible…
Después de un saludo indeciso
nos cruzamos a ese bar,
el tiempo corría sin cesar
mientras las botellas se vaciaban.
Tu mirada, tu sonrisa, tus “no no”
me obsesionan desde entonces…
Me obsesiona cada encuentro,
cada nueva ocasión…
Noche-garage, Camba Cuá,
2 de Febrero, Battle Ship,
Mitre y el hombre elefante...
Hay algo iterativo en todo esto
pero cada vez es diferente…
CADA VEZ ES DELICIOSAMENTE DIFERENTE…


miércoles, 9 de mayo de 2012

Sometimes are not enough

y el deseo tenía tu nombre...
nunca lo había pensado así...
podría desgarrar el tiempo
                                 cada hora
                                            minuto
                                               segundo
sufrirlo
         sufrirlo por saberlo fugaz
                                              efímero
                                                   perecedero
saberte ficción, saberte literario
porque el deseo tenía tu nombre
y vivir, a veces, 
                          es decir, sufrir a veces,
                                                                es lo mismo que decir VOS


                                                   

sábado, 26 de noviembre de 2011

Quince horas...

Los sentidos exacerbados
propios de una encamada eventual…
Las expectativas puestas todas
en el nuevo encuentro
en el hombre nuevo
que aparece
vía fibra óptica.
La conexión parece
instantánea
pero wireless fidelity
no es REAL fidelity
y rápido perece…