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lunes, 10 de agosto de 2015

Nadie sabe

Nadie sabe de aquel tiempo
de carbón y leña, cuando llenabas
bolsitas de cuatro kilos y las estibabas
prolijamente en filas simétricas con base diez,
cuando te dolían los dedos después de tardes enteras
de anudar esas bolsitas sin cesar y tenías la cara muy negra.

Nadie sabe de esas cargas 
interminables de quebracho, toneladas que
venían del Chaco o de Santiago y colmaban 
el acoplado del camión de Tulio, punzantes, afiladas,
cuando te pasabas horas enteras con tu hermano o quien 
fuera, para descargar ese quebracho que prometía recompensa. 

Nadie sabe de esos tiempos de infancia sin luz,
sin espacio, sin padre.

Nadie sabe, en fin, que sos hoy
aquel que fuiste entonces, a los ocho,
a los diez años, al lado del mar salado y frío,
cuando trabajabas duro para otros y, sin saber,
para vos, que te forjabas un destino contra el viento
huracanado que venía del sur lejano y desconocido.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Entremés

Los saludos inevitables y 
las risas y las sonrisas 
                          exageradas.
La puesta de una obra clásica
a cargo de un grupo de travas.
Los aplausos a destiempo y 
las críticas letradas y apuradas
en las veredas atroces y
                       resistencianas.
Gente más o menos soportable.
La atención insostenible y 
la escucha más flotante cada vez. 
(Pero Vos y tu mirada están ahí.) 
Hay que dejar de criticar 
las palabras y preocuparse por
los hechos y las ideas.

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Qué es el Chaco
sino el sudor pesado de
almíbar, de vidrios
fundidos, de estos días cálidos de
                                            siempre?

lunes, 3 de junio de 2013

Espera

No sé qué es lo que no 
quiero en un lugar donde
siempre se espera y nunca
se sabe qué se espera,
en un mundo sin emoción,
páramo de la monocromía,
ni siquiera sé qué es lo que no 
                                      quiero. 

Mientras, pasan panzas en colectivo, 
por la parada, pasan pares de zapatos
y pocas ideas, pensamientos pasan,
sin cesar, por la parada del Chaco-
Corrientes... y yo, yo no sé siquiera
qué es lo que no quiero, ni acá ni allá. 

lunes, 27 de mayo de 2013

Perder el miedo

Una mirada que se pierde
desconcertada, lejana, igual
a la de hoy: rebelde, renegada y 
pretendidamente anárquica.

La imagen desgarbada es 
también como esa que conocí 
hace más de un año ya en
una esquina irreal del Chaco:
esos pelos que no están
cómodos, que quieren 
salirse de los límites estrechos de
un cráneo demasiado rígido.

¿Qué estarías pensando entonces?
¿Habrás imaginado un futuro como
este, del que no cesás de renegar?
¿Cumplir años era ya la fatalidad
hecha celebración, la cercanía 
cada vez más clara de un fin?
¿Habrás fantaseado por un 
segundo fugaz siquiera que 
ahora las cosas tampoco tendrían
un sentido acabado, que nada
ni nadie nos muestra un camino
y que estamos, así, arrojados
                                 al mundo
en soledad?

No sé que pensabas, pero
sé que esos ojos ya estaban
cargado de preguntas y de
búsquedas, de disensos
e introspecciones, pero
también de desconfianza y
desasosiego...

Amor, ni ayer ni hoy, 
nadie nos salva -lo siento- del 
absurdo de esta vida pero
dejame que hoy te dé la mano y
camine con vos, hasta
perder el miedo, dándote
la mano, aunque sea...



jueves, 7 de junio de 2012

Abismo


escucho una canción
no le tengas miedo al abismo dice
modo reproducción continua                
entonces resuenan las palabras de
un tiempo mejor
qué lástima que tengas que irte
ahora al mediodía
dale decímelo ahora que no te veo
me encantás
de quién me abuso de vos me abuso
y juntas vienen otras
las de un tiempo todavía ignorado
la angustia y la ansiedad del no saber
cuesta desasirse de eso
un día gélido de este otoño chaqueño que
se mete hasta las vísceras y estremece
como se estremecen la carne y el alma cuando
tu mano y la mía
se confunden delirantes
en esas madrugadas frenéticas
de sudor, sangre, saliva, piel que
son abismo 
                barranco 
                             precipicio
                                           pendiente sin fin
la caída libre es tentadora 
y al final se goza eso de pender
al borde de este averno pasional 



martes, 22 de mayo de 2012

"¡Eh, dejen de ser putos!"

Definitivamente, en nuestra sociedad “occidental y cristiana”, cuerpo, género, sexo y placer siguen siendo conceptos poco comprendidos por la mayoría. Y por eso mismo es que sigue generando tanto escándalo intentar alterar la norma heterocéntrica, aunque sea en gestos más bien mínimos, cotidianos (pero, si se lo piensa un poco, es en la cotidianeidad donde debe concretarse el cambio social-cultural, ¿no?).

    Estas lucubraciones iniciales vienen a cuento por una experiencia que viví durante el último sábado. Como sabemos, el espacio público es el espacio del ser ciudadano por excelencia. Aquel día, con la persona que me acompaña en estos tiempos, quisimos darle existencia real a este lugar común sobre la ciudadanía y su ejercicio (aclaro, no de manera consciente sino porque se dio de ese modo). Por eso es que, en ese espacio público (más precisamente, en pleno centro de la ciudad capital del Chaco) nos besamos y nos abrazamos como cualquiera; fue un momento intenso, y no sólo por la pasión. Como fondo de la escena pasional, no se escuchó a Manzanero ni a Guadalupe Pineda (como podría pasar en la escena literaria más cursi y prototípica). Se escuchó, por el contrario, una serie de gritos, alaridos y bramidos como protesta ante nuestro amor. La lista de enunciados es bastante extensa, considerando que no fue poco el tiempo que pasamos ahí con mi compañero. “¡Eh, putos!”, “¡Eh, dejen de hacer eso!”, “¡¿Bueeee, vos viste lo que yo vi?!”, entre otras forman parte de esa lista. Pero hubo una expresión que me impactó especialmente: “¡Eh, dejen de ser putos!”, emitida con todo el ímpetu de un vozarrón masculino, latinoamericano y rebosante de doxa.

    A mi compañero y a mí, esas cosas nos dieron gracia. Y la verdad es que nos inyectaban, como una droga, más ganas de seguir desafiando los límites del discurso falocéntrico. Nada menos propio de nosotros que seguir los lineamientos de una masa injuriosa. Pero el “¡Eh, dejen de ser putos!” da para pensar. El ser puto caprichosamente ubicado en el mismo nivel de otros sintagmas como “ser delincuente”, “ser corrupto”, “ser asesino”, “ser adicto”. Claro, pero estos últimos sintagmas no refieren a esencias: refieren a accidentes; refieren a la biografía, no a la biología. Ser puto es una esencia (y al que dice lo contrario, ¡que lo demuestre!). ¿Cómo se puede dejar de ser? ¡Tanto que se habla en estos días del “derecho a ser”!

    Quererse, amarse ya no es ilegal en nuestro país. Pero queda un largo espacio por modificar: el espacio de las prácticas sociales, el espacio de las mentalidades. Y para eso hay que atreverse. Hay que jugarse. Cuesta ya que, sin duda, los riesgos son muchos más que los beneficios. Mas no se puede permanecer en silencio frente a la crueldad y el sufrimiento de otras personas. Personas con carne y pasión, pero también con razón, afectos y proyectos.  El non-sense se supera poniendo el cuerpo (propiedad personal y no enajenable): un beso, un abrazo, una caricia, una mirada son políticos. Hagamos política, entonces, en la cotidianeidad.  

    Pese a vivir en una tierra donde un beso puede ser subversivo, donde un abrazo puede ser transgresor y, en definitiva, donde el amor puede ser objeto de castigo social, mi orgullo por ser argentino sigue intacto. Sé que todo cambia. ¿Era Heráclito el que decía que “En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”, no? Bueno, no hay situaciones históricas que se perpetúen porque son sólo eso, “situaciones”, eventuales, como los ríos heraclianos, como la arena de un campo de médanos. Pero necesitamos más olas y más viento.

    You may say I'm a dreamer but I'm not the only one… 




lunes, 10 de octubre de 2011

Nos queda mucho...

A mi amigo lo mataron –no pude decir murió–
las tabacaleras
pensé cuando,
en ese instante tórrido,
es decir, chaqueño –como él–,
supe de su partida…
A mi profesor
   A mi compañero
      A mi hermano
         A mi padre lo mataron las tabacaleras
         No fue claro
         una epifanía de la razón
         una agnición de los culpables
               fue un destello solamente
pero un destello que generó rencor
profunda rabia.

Más tarde pensé mejor
y me di cuenta
al compañero
al intelectual lo mataron
los excesos
excesos de la lucha
                       el compromiso
                          la militancia
        excesos de la franqueza
                                la pasión
                                                en una sociedad de mascaradas.

Eso deja un legado –el legado de los que siempre se quebraron a sí mismos
                                                                                 por una humanidad más digna
y se van sin haber completado su programa: sin exageraciones,
                                                                                  sin presunciones,
                                                                                    sin misticismo,
                                                                                      sin arrebatos heroicos.
Nos queda mucho, hermano,
UN PROGRAMA
Ni la bronca
  ni el dolor que desgarra internamente,
    ni siquiera el puto cáncer
      van a paralizarlo
                                    vamos a continuarlo, hermano,
                                             vamos a continuarlo