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lunes, 29 de febrero de 2016

Soñé con el mar

Una ausencia hecha
de viento y arena,
un horizonte difuso
de dunas y esparto.

Voces que se acallan
con la distancia y un
tiempo que se dilata
y camina lento.

Tardo en llegar al borde,
pero el camino es incesante,
y se obstina...


domingo, 25 de octubre de 2015

Tanto

Me acuerdo de esas (tantas) veces en que permanecí en silencio en distintos lugares, con distintas personas. Y de esas (tantas) interpelaciones para que dijera algo, para que hablara, para que dijera, para que participara, para que pronunciara alguna palabra en medio de tanta palabra vacía. Interpelaciones envueltas en sorna: "ay, el tímido", "ay, Pablo no habla", "ay, habla demasiado...", y así, sin cesar. 

Todo eso dolía, porque sentía que la palabra me había sido negada desde siempre: mi sexualidad es constitutiva, yo no puedo escindirme en razón y sexualidad, como en dos mitades que se buscan y no se encuentran. Para mí, un chico gay nacido en Salta -bastión del deshumanismo católico- el mundo siempre era para otros, para los que estaban bien, para quienes habían sido sanos: mi palabra no podía aportar nada, era palabra enferma, palabra vana... ¿cómo querían que hablara? No me sentía útil ni valioso. 

lunes, 27 de enero de 2014

Tanto

Qué es estar feliz sino
esta serie inacabable de instantes eternos y
llenos de improvisaciones y de sencilleces y de cosas
nuevas, de risas y miradas que brillan y se confunden en una…
Qué es sino estar de a dos impetuosamente, así, con la mente en 
blanco y los corazones llenos y las manos tibias y grandes y fuertes. 
Qué es sino estar lleno de Vos, el alma y la sangre empapadas de
tus gestos y tu compañía silenciosa y honesta que abraza y protege.
¿Qué sería del mundo sin esta arena fresca que sentimos juntos y
el sonido tenue del agua y de las voces del río que nos dicen tanto?



martes, 9 de julio de 2013

Cambiodólareuroreal

Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal
La calle es un túnel que
esparce los ecos de las 
voces y los colores de las
gentes que vienen y van sin
un destino claro.

La Patria es un cliché, 
me digo, y las ideas se
confunden, muy adentro.
Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal

No tengo origen ni fin desde
que mi viejo ya no estuvo y
ya nunca dejé de andar.
La bruma se extiende y
oculta las luces de las
marquesinas, las ventanas y
la humanidad, ahora...
Sigo caminando, me
dejo llevar...
Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal
Cambiodólareuroreal...

domingo, 23 de diciembre de 2012


Un ruido penetrante de calor y de chicharras.

Un tumulto absurdo de cuerpos y de voces. 

La espera se extiende como un elástico viejo

y aplasta

el pecho

y la razón

como una enorme maza.  

Sólo tus ojos para calmar la sed, 

sólo tus manos para borrar la desolación

                                                       y el dolor… 

sábado, 5 de mayo de 2012

Las imágenes de María Elena


Si tengo que pensar en una escena de lectura o de escritura a lo largo de mi biografía, en verdad es algo que se me dificulta demasiado porque no guardo en mi memoria –al menos de manera muy especial– UNA escena, individual, autónoma. Sí, en cambio, recuerdo una sucesión de escenas, que involucran a una docente de nivel secundario.
María Elena, mi profesora de lengua y literatura en cuarto año del secundario, dejó una huella profunda en mi biografía como lector, fundamentalmente. Me acuerdo que cuando llegó, a nuestra primera clase, tuve la impresión –muy grata, por cierto– de que su trato con nosotros era sensiblemente diferente al que habían tenido otros docentes hasta entonces. En primer lugar, nos trató como lo que éramos: jóvenes pensantes, no idiotas apáticos, así que nos hablaba con un lenguaje adecuado para nuestra edad y nuestro estadio cognitivo; no nos trataba como niños y eso se manifestaba en las palabras que seleccionaba –siempre muy técnicas y poco usuales para nosotros, sin apelar a los diminutivos ni a los vocativos artificiosos–. Eso se manifestaba también en los contenidos que empezó a desarrollar en esa clase: nos habló de Saussure, de Barthes, de Eco…, autores que, pese a que nos encontrábamos en el período terminal de nuestros estudios de nivel medio, no habíamos trabajado en ningún momento. Sus clases fueron todo un desafío para nuestro pensamiento y nuestra capacidad de comprensión (al menos esa fue mi impresión, desde el principio).
En segundo lugar, había algo en su tono de voz, en la cadencia de sus palabras que ganaba mi atención. Creo que se manifestaba allí también el placer por lo que estaba haciendo. Había, también, algo en su modo de situarse en el aula, algo que si bien escapa a la descripción exacta, se intuye, se advierte cuando uno conoce a alguien a quien le gusta lo que hace. En cierto sentido, ella “ponía el cuerpo” en la clase: casi nunca se sentaba y todo el tiempo guiaba sus explicaciones utilizando el pizarrón. En secundaria, hasta ese momento, mi experiencia –nuestra experiencia como la quinta división de cuarto año– había sido la de profesores sentados permanentemente, que sólo iban a conversar sobre cuestiones no atinentes a su materia, que no daban clase, que no usaban el pizarrón, que nos hacían perder tiempo, que nos trataban como niños desmañados.
María Elena nos proponía, muy por el contrario, verdaderos desafíos para procesar información y obras literarias. De hecho, algunos de los textos literarios que me marcaron en ese entonces, porque me atravesaron internamente, porque tocaron hilos muy especiales de mi interioridad y me hicieron repensarme y repensar el mundo que me rodeaba, fueron propuestos por ella: Siddhartha y El lobo estepario de Hesse, El extranjero de Camus, Bartleby, el escribiente de Melville, están en la lista. No fueron esas obras insípidas, lacrimógenas e ingenuas que otros profesores nos habían hecho leer, preconceptuando nuestras capacidades e intereses. Además, ella solía recomendar lecturas para profundizar en algunos temas cuando veía que al alumno le interesaba alguna cuestión particular. Siempre tenía un título a mano.
Por esos motivos, la imagen de María Elena y sus clases siempre vuelven a mí para recordarme qué tipo de profesor no quiero ser con los estudiantes que confían en que la escuela puede darles algo diferente de lo que ya conocen y viven siempre.