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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Fragmentos

Se confunden las piezas de
un rompecabezas interno, se
desarman los músculos, los
                                 huesos,
la carne de tantos anhelos y
sudores y rostros más o menos
                             conocidos...

Un mar de sombras que se
mecen sin cesar y ocupan
estos lugares cada vez más
                           pequeños.

Un saco de fragmentos, de
restos que quedaron de
naufragios ignotos.

Eso soy.


domingo, 22 de diciembre de 2013

Cuánto tiempo

¿Cuánto tiempo es un año y ocho meses?
La música que poníamos para gozarnos
con la carne y con los sentidos, 
tu mano sobre mi regazo o
la mía sobre el tuyo, los 
silencios profundos y 
colmados, los pasos
pequeños e incesantes por 
estas calles de tierra y mate,
el perfil de tu cara suspendiendo
el horizonte y el tiempo, los tiempos...
Todo eso y los cambios y los sueños intensos.

¿El amor es un ser o un estar?
¿Cómo es volver a estar lejos?

lunes, 31 de diciembre de 2012

Hay momentos...


Hay cielos y sonidos que algunos días me susurran al oído
y me hacen volver a un ayer con olor a origen, a raíz…
Pretéritos presentes en este (dolce?) far niente…

Ahora, en esta habitación que se dilata sin cesar,
asediado por este calor que quema y crece
con el transcurso de
                            las horas
                                          los minutos
                                                          los segundos…
quiero que nuestros sudores se mezclen de nuevo
en un juego desquiciado de semen y saliva y besos,
en un frotarse intenso de cuerpos
que se hinchan,
que inhalan y que exhalan,
que exploran y que prueban,
incautos, los placeres de la carne inflamada.

Que tu yo más genuino, más vital,
me penetre hasta la médula,
que me atraviese los huesos
y la sangre como en todos
los meses de este año
que ya casi acaba…

Quiero que nuestros cuerpos
desgarrados y deseosos
se fundan en un crisol de
momentos eternos
para el año que llega.









jueves, 7 de junio de 2012

Abismo


escucho una canción
no le tengas miedo al abismo dice
modo reproducción continua                
entonces resuenan las palabras de
un tiempo mejor
qué lástima que tengas que irte
ahora al mediodía
dale decímelo ahora que no te veo
me encantás
de quién me abuso de vos me abuso
y juntas vienen otras
las de un tiempo todavía ignorado
la angustia y la ansiedad del no saber
cuesta desasirse de eso
un día gélido de este otoño chaqueño que
se mete hasta las vísceras y estremece
como se estremecen la carne y el alma cuando
tu mano y la mía
se confunden delirantes
en esas madrugadas frenéticas
de sudor, sangre, saliva, piel que
son abismo 
                barranco 
                             precipicio
                                           pendiente sin fin
la caída libre es tentadora 
y al final se goza eso de pender
al borde de este averno pasional 



martes, 22 de mayo de 2012

"¡Eh, dejen de ser putos!"

Definitivamente, en nuestra sociedad “occidental y cristiana”, cuerpo, género, sexo y placer siguen siendo conceptos poco comprendidos por la mayoría. Y por eso mismo es que sigue generando tanto escándalo intentar alterar la norma heterocéntrica, aunque sea en gestos más bien mínimos, cotidianos (pero, si se lo piensa un poco, es en la cotidianeidad donde debe concretarse el cambio social-cultural, ¿no?).

    Estas lucubraciones iniciales vienen a cuento por una experiencia que viví durante el último sábado. Como sabemos, el espacio público es el espacio del ser ciudadano por excelencia. Aquel día, con la persona que me acompaña en estos tiempos, quisimos darle existencia real a este lugar común sobre la ciudadanía y su ejercicio (aclaro, no de manera consciente sino porque se dio de ese modo). Por eso es que, en ese espacio público (más precisamente, en pleno centro de la ciudad capital del Chaco) nos besamos y nos abrazamos como cualquiera; fue un momento intenso, y no sólo por la pasión. Como fondo de la escena pasional, no se escuchó a Manzanero ni a Guadalupe Pineda (como podría pasar en la escena literaria más cursi y prototípica). Se escuchó, por el contrario, una serie de gritos, alaridos y bramidos como protesta ante nuestro amor. La lista de enunciados es bastante extensa, considerando que no fue poco el tiempo que pasamos ahí con mi compañero. “¡Eh, putos!”, “¡Eh, dejen de hacer eso!”, “¡¿Bueeee, vos viste lo que yo vi?!”, entre otras forman parte de esa lista. Pero hubo una expresión que me impactó especialmente: “¡Eh, dejen de ser putos!”, emitida con todo el ímpetu de un vozarrón masculino, latinoamericano y rebosante de doxa.

    A mi compañero y a mí, esas cosas nos dieron gracia. Y la verdad es que nos inyectaban, como una droga, más ganas de seguir desafiando los límites del discurso falocéntrico. Nada menos propio de nosotros que seguir los lineamientos de una masa injuriosa. Pero el “¡Eh, dejen de ser putos!” da para pensar. El ser puto caprichosamente ubicado en el mismo nivel de otros sintagmas como “ser delincuente”, “ser corrupto”, “ser asesino”, “ser adicto”. Claro, pero estos últimos sintagmas no refieren a esencias: refieren a accidentes; refieren a la biografía, no a la biología. Ser puto es una esencia (y al que dice lo contrario, ¡que lo demuestre!). ¿Cómo se puede dejar de ser? ¡Tanto que se habla en estos días del “derecho a ser”!

    Quererse, amarse ya no es ilegal en nuestro país. Pero queda un largo espacio por modificar: el espacio de las prácticas sociales, el espacio de las mentalidades. Y para eso hay que atreverse. Hay que jugarse. Cuesta ya que, sin duda, los riesgos son muchos más que los beneficios. Mas no se puede permanecer en silencio frente a la crueldad y el sufrimiento de otras personas. Personas con carne y pasión, pero también con razón, afectos y proyectos.  El non-sense se supera poniendo el cuerpo (propiedad personal y no enajenable): un beso, un abrazo, una caricia, una mirada son políticos. Hagamos política, entonces, en la cotidianeidad.  

    Pese a vivir en una tierra donde un beso puede ser subversivo, donde un abrazo puede ser transgresor y, en definitiva, donde el amor puede ser objeto de castigo social, mi orgullo por ser argentino sigue intacto. Sé que todo cambia. ¿Era Heráclito el que decía que “En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”, no? Bueno, no hay situaciones históricas que se perpetúen porque son sólo eso, “situaciones”, eventuales, como los ríos heraclianos, como la arena de un campo de médanos. Pero necesitamos más olas y más viento.

    You may say I'm a dreamer but I'm not the only one…