Frankieología pura. Poética de la experiencia. Fragmentos de una vida hechos poesía (o simulacros de poesía). Textos híbridos de un flâneur tercermundista.
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miércoles, 17 de febrero de 2016
Los mismos
Los mismos poseían funciones pedagógicas porque los mismos asentían porque los mismos callaban ruidosamente porque los mismos sabían de qué iba eso de ocultar la mente y los pensamientos cuando corresponde.
lunes, 29 de junio de 2015
Ser
"Acepta la pérdida para siempre."
Jack Kerouac
¿De cuántos fragmentos está hecho
el sí mismo? Desde aquellos trozos
crédulos y esas escenas frívolas
hasta esta actualidad repetida pero
tan perecedera como otras, como todas.
No creo en presentes eternos, inalterables.
Quiero perderme entre la gente, dejar de
ser pensado como una esencia, ser tan solo
ser
jueves, 4 de junio de 2015
Ni una menos
Las consignas me perturban
malamente, no profundizan
en nada que no sea escándalo.
El escándalo es momentáneo,
no permanece, no complejiza.
Lo que se piensa, trasciende.
malamente, no profundizan
en nada que no sea escándalo.
El escándalo es momentáneo,
no permanece, no complejiza.
Lo que se piensa, trasciende.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Sin título
Creo que fue en un colectivo 9 o 10
que supe que este lugar en el que vivo
está lleno de límites por donde se lo mire,
(o respire)
¿Una ciudad con límites?, pensé, parece un
una burla más de estas pampas
áridas y absurdas, con gentes múltiples y
lejanas...
lejanas...
Una ciudad-pueblo, una ciudad-comarca,
en las cosas y en los gestos, en las palabras
y en los hechos...
Mientras el colectivo sorteaba los baches y
las piedras de esas calles sin asfalto de los
confines, en eso pensaba.
Mientras el colectivo sorteaba los baches y
las piedras de esas calles sin asfalto de los
confines, en eso pensaba.
domingo, 17 de noviembre de 2013
Anfibio
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
(...)
Pero no cambia mi amor....
J. Numhauser.
Como un animal acuático
en un ámbito terrestre, así
te encuentro a veces cuando vamos
allá y
escucho y veo y siento tanto como
Vos
todos esos días, solo.
Entonces me parece entender
lo extraño
lo ausente
lo indefenso
lo frágil
tuyos.
¡Tanto sentido común!
¿No hay estímulo o
afecto?
Me asombra
lo tanto hecho con tan poco
y
te quiero más.
domingo, 4 de agosto de 2013
sábado, 3 de agosto de 2013
Prisma
A veces no me parezco a
nada de lo que pienso o siento, de
lo que creía que podría ser ahora cuando
todavía podía creer, mucho más que
en este momento...
Siento, a veces, de a ratos, que hay heridas que
vinieron conmigo, que son mi doble interno, y que
la vida, los años,
fueron
solo un prisma que propagaron lo que ya estaba, el
haz de encantos y desencantos, de luces pero también de
sombras...
Sé que hoy estás Vos, ¡pero nos parecemos tanto!,
como mi alma y este cielo de aluminio que veo por la ventana.
nada de lo que pienso o siento, de
lo que creía que podría ser ahora cuando
todavía podía creer, mucho más que
en este momento...
Siento, a veces, de a ratos, que hay heridas que
vinieron conmigo, que son mi doble interno, y que
la vida, los años,
fueron
solo un prisma que propagaron lo que ya estaba, el
haz de encantos y desencantos, de luces pero también de
sombras...
Sé que hoy estás Vos, ¡pero nos parecemos tanto!,
como mi alma y este cielo de aluminio que veo por la ventana.
lunes, 3 de junio de 2013
Espera
No sé qué es lo que no
quiero en un lugar donde
siempre se espera y nunca
se sabe qué se espera,
en un mundo sin emoción,
páramo de la monocromía,
ni siquiera sé qué es lo que no
quiero.
Mientras, pasan panzas en colectivo,
por la parada, pasan pares de zapatos
y pocas ideas, pensamientos pasan,
sin cesar, por la parada del Chaco-
Corrientes... y yo, yo no sé siquiera
qué es lo que no quiero, ni acá ni allá.
quiero en un lugar donde
siempre se espera y nunca
se sabe qué se espera,
en un mundo sin emoción,
páramo de la monocromía,
ni siquiera sé qué es lo que no
quiero.
Mientras, pasan panzas en colectivo,
por la parada, pasan pares de zapatos
y pocas ideas, pensamientos pasan,
sin cesar, por la parada del Chaco-
Corrientes... y yo, yo no sé siquiera
qué es lo que no quiero, ni acá ni allá.
lunes, 27 de mayo de 2013
Perder el miedo
Una mirada que se pierde
desconcertada, lejana, igual
a la de hoy: rebelde, renegada y
pretendidamente anárquica.
La imagen desgarbada es
también como esa que conocí
hace más de un año ya en
una esquina irreal del Chaco:
esos pelos que no están
cómodos, que quieren
salirse de los límites estrechos de
un cráneo demasiado rígido.
¿Qué estarías pensando entonces?
¿Habrás imaginado un futuro como
este, del que no cesás de renegar?
¿Cumplir años era ya la fatalidad
hecha celebración, la cercanía
cada vez más clara de un fin?
¿Habrás fantaseado por un
segundo fugaz siquiera que
ahora las cosas tampoco tendrían
un sentido acabado, que nada
ni nadie nos muestra un camino
y que estamos, así, arrojados
al mundo
en soledad?
No sé que pensabas, pero
sé que esos ojos ya estaban
cargado de preguntas y de
búsquedas, de disensos
e introspecciones, pero
también de desconfianza y
desasosiego...
Amor, ni ayer ni hoy,
nadie nos salva -lo siento- del
absurdo de esta vida pero
dejame que hoy te dé la mano y
camine con vos, hasta
perder el miedo, dándote
la mano, aunque sea...
La imagen desgarbada es
también como esa que conocí
hace más de un año ya en
una esquina irreal del Chaco:
esos pelos que no están
cómodos, que quieren
salirse de los límites estrechos de
un cráneo demasiado rígido.
¿Qué estarías pensando entonces?
¿Habrás imaginado un futuro como
este, del que no cesás de renegar?
¿Cumplir años era ya la fatalidad
hecha celebración, la cercanía
cada vez más clara de un fin?
¿Habrás fantaseado por un
segundo fugaz siquiera que
ahora las cosas tampoco tendrían
un sentido acabado, que nada
ni nadie nos muestra un camino
y que estamos, así, arrojados
al mundo
en soledad?
No sé que pensabas, pero
sé que esos ojos ya estaban
cargado de preguntas y de
búsquedas, de disensos
e introspecciones, pero
también de desconfianza y
desasosiego...
Amor, ni ayer ni hoy,
nadie nos salva -lo siento- del
absurdo de esta vida pero
dejame que hoy te dé la mano y
camine con vos, hasta
perder el miedo, dándote
la mano, aunque sea...
lunes, 20 de mayo de 2013
Domingo en la ciudad
Cuánto chongo hurgándose la nariz!
Cuánto bisexual escudado en la familia tipo!
Cuánto jogging dominguero!
Cuánta leche derramada!
Cuánto montgomery dominguero!
Cuánto puto suelto!
Cuánta bota de cuerina!
Cuánta puta buscona!
La disyuntiva entre ser un orto y
ser pensante me resulta
absolutamente innecesaria.
Demasiadas veces siento que
no nací para vivir en sociedad.
En esta s(u)ciedad, al menos.
Cuánto bisexual escudado en la familia tipo!
Cuánto jogging dominguero!
Cuánta leche derramada!
Cuánto montgomery dominguero!
Cuánto puto suelto!
Cuánta bota de cuerina!
Cuánta puta buscona!
La disyuntiva entre ser un orto y
ser pensante me resulta
absolutamente innecesaria.
Demasiadas veces siento que
no nací para vivir en sociedad.
En esta s(u)ciedad, al menos.
miércoles, 24 de abril de 2013
Like a lifetime
Guardo los fragmentos de doce meses en una agenda:
pasajes, entradas, palabras, sensaciones y sonidos...
No sé qué me lleva a este oficio compulsivo de acumular,
pero sospecho que quiere ser un modo de tenerte,
aunque sea en fracciones, un poco más cerca de mí...
Porque muchas cosas pasaron en todos estos días
(like a lifetime...) pero seguro es que amo tu yo
igual que en el otoño pasado: hoy, sin embargo,
no nos unen solo sílabas sueltas, solo diálogos
parcos.
Sabés que los dos estamos más abiertos, más
receptivos y empáticos; sabés que yo te estoy
amando sin cesar, que hay obsesiones que no
admiten las respuestas fáciles de una terapia
freudiana o cognitiva; solo la pasión, solo el
delirio.
Te sigo pensando y buscando, asirte en palabras,
en un oficio imposible pero impostergable,
para no perderte en el trajín absurdo de los días
que pasan, sin verte, sin sentirte, profundo y frágil,
caliente y calculador, inquieto y ansioso y cambiante...
Te llevo siempre conmigo (aunque no lo escriba) y
lo sabés.
No te olvides, Frankie, de que estoy y voy a estar,
aunque no lo pidas, aunque no lo digas: estoy y voy a estar,
con tu yo más fiel, con tu yo más auténtico y perturbador.
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sensaciones,
sonido,
vos,
yo
domingo, 19 de agosto de 2012
Algunas veces
y algunas veces me consume
un pensamiento,
gastado como el gastado cuervo de Poe...
¿Y si no existiera este celular?
¿Y si no existiera esta PC?
¿Y la banda ancha... wi fi?
Muchas cosas no hubiesen pasado...
sin duda, vos, por ejemplo...
pero pasaste, pasás
(¿hasta cuándo?)
y no niego que hoy,
a veces,
te siento frágil,
como un buen recuerdo...
inolvidable, también, cerrando los ojos,
así...
algunas veces me resulta difícil
entender(te)
y entonces me permito dudar
huir
evitar
y algunas veces me consume
un pensamiento,
gastado como el gastado cuervo de Poe...
desenchufarme, sin cables, zarpar...
domingo, 29 de julio de 2012
Prescindir
quiero poder prescindir (así...) del lenguaje
de las palabras y, por eso,
del pensamiento (a veces...)
y también del tiempo
y del olfato
y del tacto
y de la mirada
y del sentimiento
y de los espacios...
ser ave
ser piedra
ser agua
existencia cíclica
sin más...
no decir
no pensar
ni sentir
de las palabras y, por eso,
del pensamiento (a veces...)
y también del tiempo
y del olfato
y del tacto
y de la mirada
y del sentimiento
y de los espacios...
ser ave
ser piedra
ser agua
existencia cíclica
sin más...
no decir
no pensar
ni sentir
jueves, 17 de mayo de 2012
sábado, 5 de mayo de 2012
Las imágenes de María Elena
Si tengo que pensar en una escena
de lectura o de escritura a lo largo de mi biografía, en verdad es algo que se
me dificulta demasiado porque no guardo en mi memoria –al menos de manera muy
especial– UNA escena, individual, autónoma. Sí, en cambio, recuerdo una
sucesión de escenas, que involucran a una docente de nivel secundario.
María Elena, mi profesora de
lengua y literatura en cuarto año del secundario, dejó una huella profunda en
mi biografía como lector, fundamentalmente. Me acuerdo que cuando llegó, a
nuestra primera clase, tuve la impresión –muy grata, por cierto– de que su
trato con nosotros era sensiblemente diferente al que habían tenido otros
docentes hasta entonces. En primer lugar, nos trató como lo que éramos: jóvenes
pensantes, no idiotas apáticos, así que nos hablaba con un lenguaje adecuado
para nuestra edad y nuestro estadio cognitivo; no nos trataba como niños y eso
se manifestaba en las palabras que seleccionaba –siempre muy técnicas y poco
usuales para nosotros, sin apelar a los diminutivos ni a los vocativos artificiosos–.
Eso se manifestaba también en los contenidos que empezó a desarrollar en esa
clase: nos habló de Saussure, de Barthes, de Eco…, autores que, pese a que nos
encontrábamos en el período terminal de nuestros estudios de nivel medio, no
habíamos trabajado en ningún momento. Sus clases fueron todo un desafío para
nuestro pensamiento y nuestra capacidad de comprensión (al menos esa fue mi
impresión, desde el principio).
En segundo lugar, había algo en
su tono de voz, en la cadencia de sus palabras que ganaba mi atención. Creo que
se manifestaba allí también el placer por lo que estaba haciendo. Había,
también, algo en su modo de situarse en el aula, algo que si bien escapa a la
descripción exacta, se intuye, se advierte cuando uno conoce a alguien a quien
le gusta lo que hace. En cierto sentido, ella “ponía el cuerpo” en la clase:
casi nunca se sentaba y todo el tiempo guiaba sus explicaciones utilizando el
pizarrón. En secundaria, hasta ese momento, mi experiencia –nuestra experiencia como la quinta
división de cuarto año– había sido la de profesores sentados permanentemente,
que sólo iban a conversar sobre cuestiones no atinentes a su materia, que no
daban clase, que no usaban el pizarrón, que nos hacían perder tiempo, que nos
trataban como niños desmañados.
María Elena nos proponía, muy por
el contrario, verdaderos desafíos para procesar información y obras literarias.
De hecho, algunos de los textos literarios que me marcaron en ese entonces,
porque me atravesaron internamente, porque tocaron hilos muy especiales de mi
interioridad y me hicieron repensarme y repensar el mundo que me rodeaba,
fueron propuestos por ella: Siddhartha
y El lobo estepario de Hesse, El extranjero de Camus, Bartleby, el escribiente de Melville,
están en la lista. No fueron esas obras insípidas, lacrimógenas e ingenuas que
otros profesores nos habían hecho leer, preconceptuando nuestras capacidades e
intereses. Además, ella solía recomendar lecturas para profundizar en algunos
temas cuando veía que al alumno le interesaba alguna cuestión particular.
Siempre tenía un título a mano.
Por esos motivos, la imagen de
María Elena y sus clases siempre vuelven a mí para recordarme qué tipo de
profesor no quiero ser con los estudiantes que confían en que la escuela puede
darles algo diferente de lo que ya conocen y viven siempre.
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