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lunes, 26 de noviembre de 2012

Desnudar las palabras

desnudar la palabras, arrancarles la ropa y hacerles el amor,
                                                   sin descanso, con pasión y sin control,
e incluso así no saber si los versos que construyo expresan lo que siento
verdaderamente, muy adentro, acá, en la médula, en mis nervios...

creo que nada es tan exacto como el silencio de esta siesta sola y vacía
con olor a tierra triste y a pasto seco, regados por una lluvia débil, 
o como el canto melancólico de unos gorriones desgarbados
ni como el gris abrumador del cielo que observaba recién
cuando volvía a casa,

y te pensaba,

y te añoraba...

viernes, 19 de octubre de 2012

Seis meses

¡Todo era amor... amor! / (...) / con sus faltas de puntualidad, de 
ortografía; / con sus interrupciones cardíacas y telefónicas (...). O. G. 



El contador marca cerca de 183 días desde esa tarde... 
Y hay palabras y frases, caricias, canciones e imágenes,
de todos estos meses, que se agolpan enloquecidas
en mi retina, en mis dendritas y en mi alma-mundo... 
Y siento que hay cosas, de todos estos meses, que
están escritas con mi sangre y con mi sudor,
(inscritas en mi médula profunda y en mis huesos)
con tu sangre ardiente y con tu sudor salado
(incluso quisiera, ahora, escribir estos versos
con mi sangre para que veas cuánto te quiero
muy adentro de mí, fluyendo por mis venas).

Y algunas veces, en todos estos meses,
Tánatos nos visitó, sólo algunas veces,
y por su impulso quisimos
              torturarnos
              golpearnos
            amordazarnos
           descuartizarnos
         mordernos con ira
     desgarrarnos con pasión
  y matarnos, quizás, con dolor,
con demasiado dolor, amarnos...

Y es que de eso se trata el amor también
a veces, ¿no?, eso que duele tanto
que abrasa y conmueve,
confunde y atribula, 
pero, siempre,
obsesiona,
apasiona
y hace
crecer.

(quiero crecer con vos)








lunes, 9 de julio de 2012

La dulce impaciencia


Es la impaciencia de quererte
         la que me mueve en estos días
la impaciencia de saber que
uno de estos días podrías no estar ya
y, por eso, la impaciencia loca de querer agotar todas las experiencias
todos los sentimientos en veinticuatro o cuarenta y ocho horas
que se diluyen, fatalmente, como un montón de polvo entre los dedos
la impaciencia que genera tu ternura infinita
cuando, en silencio, concentrás tu mirada
y tus pensamientos en algún punto desconocido para mí
y tu rostro está en absoluta calma, distendido,
y tus ojos brillan más que siempre
y tu sonrisa es más real, más sublime…
la impaciencia de observarte en el súmmum de la excitación y el placer
y sentir esa conexión tan íntima muy adentro, y emocionarse hasta la médula
la impaciencia desgarradora de querer cuidarte cuando te veo débil
la impaciencia de saberte incalculablemente bueno, incalculablemente auténtico
por un gesto, por un acto pequeño pero enorme, por el amor y el odio fusionados
pero, además, la impaciencia de saberte inteligente, pensante y racional
la impaciencia inagotable de sentir que no hay error en todo esto
porque me hacés inmensamente feliz, en cada momento que estamos juntos
la impaciencia de saber que, por momentos, no existe nada más que vos, Amor…
Es la dulce impaciencia de quererte, Amor…