El sonido lejano y conocido del canto de un grillo,
las aspas de un ventilador prehistórico que giran
rítmicamente,
las gotas de lluvia sobre las chapas del techo viejo,
las voces, las ironías y las humoradas familiares
de todo un día largo y caliente,
se agolpan ahora, todos,
desordenados, claros,
en las primeras horas
de este jueves húmedo,
remoto y salteño…
¿Oís? Esta madrugada es presa fácil para
la melancolía y
el miedo…
El miedo que se junta y se retuerce muy adentro,
después de un largo mes sin verte…
Claro: a veces, tener miedo es
–solo a veces– un pasatiempo de
la melancolía y
el amor…
Hace un rato dijiste que extrañabas mis textos
y está bien: el cuerpo y el alma están
hechos
de lenguaje,
de palabras.
Estas palabras soy yo.
Me doy porque
no estás acá conmigo
para sentir estos mismos sonidos
vanos, ruidos…
Amor, acá, lejos de todo –de Vos–,
solo quiero saberte mío…
No quiero tener miedo.
Frankieología pura. Poética de la experiencia. Fragmentos de una vida hechos poesía (o simulacros de poesía). Textos híbridos de un flâneur tercermundista.
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jueves, 17 de enero de 2013
lunes, 26 de noviembre de 2012
Desnudar las palabras
desnudar la palabras, arrancarles la ropa y hacerles el amor,
sin descanso, con pasión y sin control,
e incluso así no saber si los versos que construyo expresan lo que siento
verdaderamente, muy adentro, acá, en la médula, en mis nervios...
creo que nada es tan exacto como el silencio de esta siesta sola y vacía
con olor a tierra triste y a pasto seco, regados por una lluvia débil,
o como el canto melancólico de unos gorriones desgarbados
ni como el gris abrumador del cielo que observaba recién
cuando volvía a casa,
y te pensaba,
y te añoraba...
sin descanso, con pasión y sin control,
e incluso así no saber si los versos que construyo expresan lo que siento
verdaderamente, muy adentro, acá, en la médula, en mis nervios...
creo que nada es tan exacto como el silencio de esta siesta sola y vacía
con olor a tierra triste y a pasto seco, regados por una lluvia débil,
o como el canto melancólico de unos gorriones desgarbados
ni como el gris abrumador del cielo que observaba recién
cuando volvía a casa,
y te pensaba,
y te añoraba...
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