No me encontraba
en los textos ni
en las palabras de
los otros (que eran
las mías) ni
en las películas ni
en las fotografías ni
en las publicidades de
las calles y la televisión.
Ahora, buscarse y encontrarse
cuesta menos: me deslizo, tenue,
en los discursos, en las cosas que la
gente dice y hace cotidianamente.
Si no me encuentro, me escribo,
me digo, me hago con las palabras
que son cada vez menos ajenas, más mías.
Frankieología pura. Poética de la experiencia. Fragmentos de una vida hechos poesía (o simulacros de poesía). Textos híbridos de un flâneur tercermundista.
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sábado, 2 de julio de 2016
domingo, 30 de septiembre de 2012
Y no...
Definitivamente,
dormir no es lo mejor que
hacés…
También podés sorprender
con gestos poco comunes…
como esta ficción del viaje
a Itatí,
que creaste solo vos
(¡y después decís que
no sabés escribir…!
Pero no te mientas:
creás mundos posibles
demasiado bien,
y ahora yo lo sé mejor…)
“Estoy caminando…”
“¿No me vas a abrir?”
“Abrime el portón…”
“¿Por qué dejás
la ventana abierta?”
Todas palabras que,
al principio,
no significaban mucho
pero que, de pronto,
se cargaron de sentido…
Le diste un poco de sentido
a este páramo sensorial,
a este desierto de experiencias
porque, definitivamente,
dormir no es lo mejor que sabés hacer…
Y ahora tenés que volver,
Y ahora la ficción se acaba,
ya no puede seguir…
Otra vez el sabor amargo
del me-tengo-que-ir…
Amor, yo vuelvo a extrañarte
otra vez…
Pero sé que a vos te quedan
muchos mundos posibles
por
escribir…
Yo sé que nos quedan
muchos mundos posibles
por
conocer…
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