Finalmente, pude ver el documental "Nuestra tierra" de Lucrecia Martel. Las sensaciones e ideas que generó en mí fueron muchas. En lo que sigue, me gustaría compartir algunas.
Me emocionó profundamente, algo que sólo me sucede con los objetos artísticos bien logrados. A mi juicio, este documental es una verdadera obra de arte: sólo con la fotografía se denuncia una realidad propia de nuestros contextos latinoamericanos, incesantemente coloniales desde la llegada de los europeos. Una realidad en la que se entretejen la violencia, la subestimación, el absurdo, el maltrato, la humillación... Todas acciones que tienen como víctimas a quienes no portan genealogías, prácticas ni fenotipos europeos.
De hecho, algunas de las tomas del juicio que se exhibe me recordaron a pinturas del barroco y el tenebrismo: las figuras de personajes sombríos elucubrando y pergeñando fraudes, estafas; las miradas y los movimientos siniestros; los rostros y los cuerpos de los opresores animalizados, grotescos...
Lo mismo pasa con el diseño de sonido. El Kyrie de Mercedes Sosa al inicio de la película, con la imagen de la Tierra vista desde el espacio, genera escalofríos. Desde el principio, entran en escena usos no rioplatenses del español en este territorio que llamamos "Argentina": esto, en sí, ya es un logro y una apuesta política fundamental. Los relatos orales que se reproducen, con la voz de algunxs referentes de la comunidad de Chuschagasta, en Tucumán, conmueven. En cambio, las declaraciones de algunxs abogadxs y otros personajes del aparato judicial indignan.
En fin, el contraste que todo el tiempo se evidencia entre las comunidades indígenas o de ascendencia indígena y quienes se referencian (o "autorreferencian") como "no indígenas" es elocuente: los tonos, la velocidad, el volumen, las formas, los gestos... son muy diferentes, sistemas semióticos antagónicos. Pero todo el armado de la República está fundado en el sistema semiótico de lo "no indígena": la exclusión y la desigualdad están en la base de la estructura; no son meros fenómenos "colaterales".
En el documental, todo funciona para sostener la denuncia de las injusticias que, claramente, no han terminado y, a veces, parecen profundizarse. Es, en este sentido, para mí, un documental clave en la línea del "cine militante": político, combativo, testimonial, transformador. Hay que verlo.


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